REPORTAJE
Victimas del Narcotráfico
Pasaje a la muerte
- Uno de los elementos relacionados con los índices de muertes en Santiago, guardan directa relación con el uso de estupefacientes. Quienes conocen el negocio saben la verdad que se esconde tras de él. Las empresas de narcotráfico sólo crecen con sangre.
D’sinneR
Las oscuras noches capitalinas mantienen en silencio uno de los secretos mejor guardados en el mundo del hampa. Los narcotraficantes son desconocidos o más vale desconocerlos, pues quien se cruza en su camino le verá el rostro a la muerte constantemente.
Felipe Fuentes, teniente del OS7 de Carabineros, Yimán poderoso y temido empresario de la droga y Alejandro, asesinado al tratar de salir del mundo del narcotráfico, han conocido la muerte y charlado con ella, han visto el rostro de la maldad. Los ajustes de cuentas hacen gala en este negocio. Familias completas se involucran en este delito, transformándolo en su gran fuente de ingreso.
La única ley válida en este oscuro mundo, es que no existe posibilidad de retirarse. Generaciones tras generaciones traspasan su sabiduría delictual, pues quien nace en este mundo, muere en él.
Ladrón que roba a ladrón
Desde hace 23 años el Departamento de control de drogas y prevención delictual, OS7, tiene como misión la lucha contra el narcotráfico en nuestro país. La tarea se dificulta día a día, y los casos de muerte por este tema, acaparan extensas páginas de periódicos nacionales y un sin número de programas periodísticos.
La mafia del narcotráfico tiene un poder prácticamente incontrolable, Cannabis Sativa, Fármacos, Clorhidrato de cocaína, Pasta base y Marihuana elaborada, entre otras drogas de alta peligrosidad, se transforman en bombas de tiempos para todos aquellos que las promueven y las consumen. La mayoría de los imputados por este delito, ya cuenta con antecedentes de otro tipo, que van desde robo hasta el más cruel de los homicidios. Esto no es impedimento para que sigan delinquiendo, sino por el contrario, los hace más conocedores y expertos, sin dejar de lado su popularidad dentro del círculo mafioso.
Actualmente la venta de droga en nuestro país, es la causa de la mayor cantidad de homicidios entre narcotraficantes y personas ligadas a este negocio. Es común que los cabecillas de estas bandas usen a terceros para cometer los crímenes para así librarse de todo tipo de culpa
Las muertes relacionadas con la comercialización de la droga van en aumento, sin embargo, su registro en denuncias es mínimo en relación con la realidad, ya que el entorno de las victimas, al conocer que no tienen posibilidad de resguardo ante una denuncia, prefieren callar con el fin de evitar peores represalias.
Carabineros tiene como misión combatir día a día este tipo de delito, pero para, el teniente Fuentes, “es lamentable la falta de recursos de la institución” y no duda en manifestar la impotencia “ante la escasez de las armas que nos hagan más efectivos”.
Los grandes decomisos por narcotráfico requieren una investigación previa, la que no es posible sin la ayuda del trabajo mancomunado de las fuerzas de seguridad. La alianza que tiene Carabinero con Investigaciones no es la ideal, afirma Fuentes. “La mala relación dificulta la eficiencia para la lucha contra el narcotráfico y el gran número de muertes que éste acarrea “. Es común escuchar que entre ellos se culpen y que no sean capaces de lograr una estrategia en conjunto. Se acusan de corrupción ante el enfrentamiento de estos casos. Fuentes, reitera que la Policía de Investigaciones al ser un grupo más pequeño que el OS7 goza de más recursos, pero no de más poder. Afirma que en variadas oportunidades la intervención de investigaciones no ha sido en beneficio de la comunidad.
Por otro lado, la labor de Carabineros es cada vez más cuestionada por las continuas acusaciones de corrupción. De acuerdo a esto Felipe Fuentes sostuvo que, “en más de una ocasión los procedimientos se detienen por órdenes superiores a la Institución “.
Un hombre de fierro
En la comuna de El Bosque habita un poderoso narcotraficante chileno. Su nombre real es Germán Peña, pero para quienes lo conocen, lo identifican como “Yimán”. Tiene 34 años, desde los 19 tomó las riendas del negocio de su padre, el narcotráfico.No conoce otro trabajo, y no le interesa tampoco. Habla con orgullo de sus logros económicos conseguidos a raíz de este delito. No duda en afirmar que mientras existan más adictos a las drogas, su capital crecerá. Su rostro guarda recuerdos de la calle. Cicatrices alrededor de su nariz, que las define como las marcas de sus inicios. Asegura que hoy no consume ningún tipo de droga, y que ya no necesita arriesgarse a que lo pillen vendiendo.
En su poder tiene a más de 20 personas que se encargan de hacer crecer su negocio. Sabe que en realidad son muchos más, “pero cada uno de mis empleados tiene claro lo que hace y a quien más involucra”. El problema se forma si uno de ellos le falla o arriesga su fuente de ingreso.
En el mundo del narcotráfico no existe la amistad ni el respeto cuando está en juego el dinero. Yimán, no perdona, prefiere un muerto antes que un traidor, ese es su lema. Ya no tiene pudor, elimina a personas como si fueran insectos, y ríe al confesar que ni siquiera sabe cuantos son los que han muerto por defender lo que se conoce como su única fuente de ingreso. Es difícil salir de ese mundo una vez que se está inserto.
Le perdió el respeto a la vida de los otros, después de ver morir a su padre, producto de un enfrentamiento con otro grupo de narcotraficantes, en lo que en la jerga delictual se conoce como “mexicana”. Desde ese momento tomó las riendas del negocio y pretende heredarlo a sus próximas generaciones.
La vida de Yimán ha corrido peligro más de una vez. El mundo en que vive no conoce la tranquilidad. Un gran número de personas lo busca para vengar la muerte de algún ser querido. No le teme a Carabineros ni a la Policía de Investigaciones, es más, asume que integrantes de ambas instituciones “se han transformado en grandes aliados y excelentes compradores”. Sí reconoce que dentro de su rutina está el arrancar de quienes por algún motivo se han visto afectados por su forma de vida. Afortunadamente- para él- sus logros económicos le permiten poder viajar al exterior con el fin de velar por su bienestar, y así mantenerse protegido hasta recuperar la calma.
Germán Peña, viaja constantemente a Italia, donde se encuentran Marisol y Dilan, quienes son, su mujer y su hijo. Quizás, esté es el único tema que logre conmover a este “hombre de fierro”, como se califica él. Su vida familiar se ve dividida entre dos países, con el fin de cuidar a las únicas dos personas que despiertan su amor.
Llama la atención la firmeza que muestra cuando explica, que él prefiere matar o mandar a matar, a todo aquél que ponga en riesgo el negocio con el que mantiene en un excelente nivel de vida a su pareja y a su hijo. Sabe que no es una actitud normal ante la sociedad, pero reconoce que no le interesa dejar su forma de vida, ni el modo en que lo ha logrado. Está dispuesto a todo para seguir siendo lo que es hoy, un temido y respetado empresario de la droga.
Una noche de nunca olvidar
Aún se llenan de lágrimas los ojos de María Luisa Parada, al recordar el trágico final del mayor de sus hijos, Alejandro Díaz Parada, el 24 de Agosto de 1999. Después de seis años de duelo y casi cuatro años sin hablar del tema, se arma de valor para contar cómo y por qué, le quitaron la vida a su negrito. Así era conocido Alejandro dentro de sus amigos. Descrito por su madre como un joven alegre, amistoso y soñador, fue victima de un violento ataque en la esquina de su casa, por lo que se conoce como un ajuste de cuentas.
A sus 23 años, “el negro, terminó en las garras de tres hombres, que se hacían llamar, el Laucha, el Turrón y el Vandan”. Llevaban meses amenazándolo a él y a su familia, por renunciar al círculo de narcotráfico que hasta el día de hoy funciona en el sector de Los Copihues, comuna de La Florida.
Su madre afirma que no estaba al tanto de la relación que tenía Alejandro con estos sujetos, hasta dos semanas antes de su muerte. Desesperado ante el peligro que corría, decidió contarle a su progenitora que desde el año 1997 estaba ligado a la venta de drogas. Asumiendo que se dejó llevar por el dinero fácil, reconoció su culpa. Motivado por el embarazo de cuatro meses de Claudia, su novia, decidió ponerle freno a una situación incontrolable.
La gran rentabilidad del negocio, es el anzuelo ideal en este callejón sin salida, donde no sólo se pone en riesgo la vida del traficante, sino que además pone en peligro a su familia completa. Así fue el caso de El Negro, pero los cabecillas de la banda lo tomaron como una traición, la que significaba un inminente peligro para los que se habían convertido en sus jefes.” El arrepentimiento ya no era suficiente”.
La noche del 24 de Agosto del año 1999, Alejandro salía de la casa de su polola rumbo a su hogar. Alrededor de las dos de la mañana, un disparo interrumpió la habitual tranquilidad de la noche en la población San Gregorio. Su madre se despertó al escuchar los gritos que venían de la calle, salió rápidamente pensando que se trataba de una riña callejera sin importancia. Al abrir la puerta de su casa, se impactó al ver a tres hombres descontrolados atacando a un muchacho, que a simple vista no pudo identificar. Inmediatamente entró a llamar a Carabineros, y salió en rescaté de la persona que, hasta el momento, era para ella una victima desconocida. Jamás se imaginó que el joven que encontró en el suelo, frente a su propia casa, con cuatro impactos de balas y notablemente golpeado, era su propio hijo.
Atónita ante la realidad Maria Luisa tomó a su hijo ensangrentado y lo llevó inmediatamente a su casa. Nadie se acercó para ayudarla, ni ver lo que pasaba, carabineros aún no aparecía, y Alejandro apenas podía mantener abiertos sus ojos. Completamente sola lo llevó hasta su cama y comenzó a limpiarle la sangre, repitiéndole al oído una y otra vez, “aguanta bebé, aguanta”.
Alejandro se esforzaba en hablarle, pero su falta de fuerza se lo impedía. Los pocos segundos que duraban abiertos sus ojos, sólo eran para fijar la vista en la mirada de su madre. Maria Luisa entendió que era una despedida, y decidió sentarlo en sus piernas como un niño de tres años, para así poder abrazarlo y acariciar su rostro. Tomo su mano y mirando a los ojos le dijo: “te amo mi amor”, ante esto Alejandro con todo su esfuerzo logró apretar levemente sus dedos entregándole con esto su último adiós a la mujer que le dio la vida.

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